8 de agosto de 2017

Top Ten: The Forty-Niners, la melancólica luz de la nostalgia

Parte de la portada de la precuela de Top Ten: Forty-NinersFuente.

“Las cosas estaban mejor durante la guerra. Como el noticiario. Todo era en blanco y negro. Mientras luchábamos no había tiempo para pensar, pero ahora todo el ruido ha desaparecido y hay silencio. Ahora podemos oír nuestros corazones de nuevo. ¿Qué vamos a hacer?”-Wulf.

Top Ten es una de esas grandes obras de Alan Moore que suelen pasar desapercibidas, pero brilla entre aquellos que la descubren. Este cómic, Canción Triste de Hill Street pero con superhéroes (tal y como la describió su autor), nos presentó una ciudad de superhéroes histérica donde Gene Ha deslumbraba con continuos guiños a los cómics de superhéroes y un Moore, entre lo mordaz de Tomorrow Stories y lo serio de otras obras, nos hablaba de lo que supone ser la policía en una ciudad de superhéroes.

Forty-Niners es la obra que sirve de precuela y nos cuenta, en 1949, el origen de la ciudad de superhéroes, Neópolis. Alan Moore vuelve a encargarse del guion y Gene Ha del dibujo de esta melancólica historia que nos transporta a un mundo que es consecuencia de lo que viene tras la guerra, cuando los superhéroes ya no son necesarios en el frente y se decide que toda la gente con poderes viva en la misma macrourbe creada por científicos locos y soñadores del mañana.

La página con la que descubrimos esta nueva metrópolis. Fuente.

La humanidad del superhéroe

Es ahí adonde va a parar un joven superhéroe de guerra, Steve Traynor, alias Jetland, que nos evoca al Bucky original de los cómics, al Steve Tevor de Wonder Woman o al Robin de los primeros tebeos de Batman. No lo hace solo, en el tren se encuentra con Skywitch, una antigua enemiga alemana que cambió de bando y ahora es aliada a la fuerza. Hubo tiempos mejores para ambos, pero comienza un nuevo desafío con esa llegada en metro que nos evoca al inicio original de Top Ten (conflicto con vampiro en este caso).

Forty-Niners recoge todos los guiños a los cómics que teníamos en Top Ten, pero, en este tema, se centra en las primeras historietas y en el asilo que supone la urbe para los personajes que desaparecen ante la oleada de superhéroes. Vemos a Juana de Arco, Flash Gordon, una especie de Superman, el Zorro, el Llanero Solitario… Es tiempo de convertirse en otra cosa y la historia, el verdadero acierto, somete a Forty-Niners a un proceso donde la nostalgia colisiona con la desmitificación. 

La capacidad de Moore para profundizar en sus personajes sigue intacta y ahí se ve en las relaciones y las decisiones de cada uno de ellos. No hablamos de un autor cualquiera, sino de uno que es capaz de brillar, incluso en obras que muchos lectores consideran menos importante como esta y que ya querrían tener muchos creadores en su currículo. Todo ello se ve en el dilema de Trevor al ser homosexual y sentir que no puede desvelarlo al mundo.

El proceso de creación del excelente Gene HaFuente.

No obstante, ahí está la sonrisa burlona de Moore con villanos como el Crucigrama (esa especie de Acertijo, que habla mediante definiciones del pasatiempos), el prostíbulo de vampiresas o las leyes contra el uso de niños por parte de los superhéroes. Y es que en una ciudad donde todos son superhéroes, los villanos pueden ser cualquiera y la policía debe ocupar de ello, incluso cuando existen delitos como el “asalto justiciero” (cuando un metahumano decide hacer de las suyas).

Sí, Forty-Niners es una obra que se hace corta, pero las conexiones con Top Ten están presentes y también la acción (por ejemplo, esa máquina del tiempo creada a traición o la batalla contra los vampiros). Moore sigue siendo capaz de ver el mundo de otro modo, uno muy particular y eso se demuestra en obras como Forty-Niners, Top Ten y otras de la línea ABC: Tom Strong, Promethea, Tomorrow Stories o The League of the Extraordinary Gentlemen.

En cuanto al dibujo de Gene Ha continúa siendo deslumbrante, pero encuentra un modo de distanciarse de Top Ten y transportarnos al mundo del flashback gracias al diseño y el coloreado. Estamos ante una ciudad en sus orígenes, unos personajes jóvenes muy diferentes a los de la obra principal y un mundo distinto que desembocará en el que ya conocemos. Ha, como ya decía, deslumbrante.

Forty-Niners es, por tanto, una precuela que nos demuestra que este tipo de historias no tienen que ser siempre horribles, esperpentos sacacuartos, sino que, con autores como Moore o Ha, pueden llegar a brillar con luz propia; melancólica y nostálgica luz, sí, pero luz al fin y al cabo.

“Debemos aceptar a los amigos allí donde los encontremos”-Sky Witch.

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