lunes, 5 de diciembre de 2016

¡Devon Crawford y los Guardianes del Infinito visitan el IES Tomás de Iriarte!


El escritor echaba de menos a los alumnos que le propusieron el reto, porque volvieron con historias en las que perderse y nadie supo más de ellos sin un libro. Todo se convirtió en su nueva novela: “La añoranza bajo sospecha”.

Estas líneas con las que abro esta entrada pertenecen a un microrrelato que formó parte de un reto que me propusieron los alumnos del instituto Tomás de Iriarte la última vez que los visité. Ellos me preguntaron si yo sería capaz de improvisar un microrrelato a partir de un sintagma nominal que me proponían (“la añoranza bajo sospecha” y sí, hice muchas trampas en algo que es más la idea de un cuento que un microrrelato, pero... ¡lo escribí!). Y es que es un placer para mí el hecho de poder contar con la suerte de participar en un desafío así, ¡además de presentarles mi última novela publicada hasta la fecha: Devon Crawford y los Guardianes del Infinito!

Como os indicaba, pude charlar con los estudiantes de dos terceros, un cuarto de la ESO y un primero de bachiller. ¡Y fue fenomenal! Este tipo de presentaciones creo que son realmente las que valen la pena, porque me permiten seguir "vivo".

A menudo, se vende la idea de que los escritores deben estar siempre solos, ser excéntricos y huraños, que tenemos que sacar un rifle si alguien se nos acerca, cual Salinger, y que es mejor no hablar con nadie que se puede llegar a interesar por tu trabajo (no vaya a ser que termines como el pobre Paul Sheldon ante Annie Wilkes en Misery).

Sin embargo, nunca me he sentido parte de esa camarilla de escritores que opinan que es mejor alejarse de la gente que puede querer leerte (o que te ha leído). Sí, a veces, me gusta huir del mundo y dedicarme solo a leer y escribir, pero no siento que por ello deba dejar de conocer a gente fantástica como me ha ocurrido en este instituto. Me encanta hablar con ellos, escucharles, descubrir qué piensan y qué sienten. Cada vez que me reúno con personas así, en los pupitres vacíos puedo ver a personajes como Devon o Gwen, las cuales esperan cruzar una vez más la ficción para ser reales. Y es que ellos emanan esa energía que hace que mis palabras cobren sentido y ese es el mayor regalo que me pueden hacer (aparte de ponerme bohemio por aquí, que también).

Cuando empecé a escribir Devon Crawford y los Guardianes del Infinito en 2014 (cuando no sabía que era una saga, ni siquiera que se titularía así), sentí que aquel viaje en el tiempo que me proponía a mí mismo (volver a tener quince años) era también un modo de demostrarme que podía hacer una novela de fantasía urbana juvenil (con magia, monstruos, aventuras, ideas locas…), sin tener que contar con ciertos estereotipos que no me complacían. Quería que mi protagonista fuese una chica real, que fuera imperfecta (como cualquiera, como yo), pero que estuviese en un mundo fantástico.

Me explico: Devon no debía ser la protagonista que buscaba a un chico malo monstruoso que le destrozase la personalidad ni debía caer en la típica trama de doña perfecta, una Mary Sue. Devon tenía que ser un desastre y esa es la idea que siempre he querido plasmar en mi obra: hablar sobre ti y sobre mí, sobre el mundo que nos rodea, aunque sea en la propia ficción. Creo en la gente de a pie; nunca me han gustado mucho los entes todopoderosos que planean salvarnos, porque su idea de la salvación puede ser sospechosa. Creo en Devon, Gwen, Blake, Mundungus, Theophilus, en ti… Y en sus ilusiones y sus sueños, y, por eso, sentí que Devon tenía que ser real, porque creía que todos nos merecíamos a una chica tan imperfecta como nosotros intentando salvar el mundo.

Regresando al tema, durante la charla, pude disfrutar de muchas cuestiones interesantes con el alumnado y los docentes. Cada vez que charlo con ellos, puedo saber que tienen un futuro increíble, puedo verlo y quiero que crean en ello. Ahora, todo puede parecer confuso, pero pueden luchar por lo que quieren ser, por vivir la vida que ellos quieren vivir y no las que otros “fabrican” para ellos; al fin y al cabo, solo tenemos una vida, ¿no? Agradezco mucho su implicación y su participación, el no sentir que hablaba solo (que siempre es lo peor) y los descubrimientos, desde su fervor hacia los videojuegos (¡les sigue gustando el Kingdom hearts! ¡Me ven cara de jugador del LoL!), el cine que nos encanta (sí, hablamos de Animales fantásticos y dónde encontrarlos), charlamos sobre literatura (Harry Potter, El Señor de los Anillos, Neverwhere, Soy leyenda, Marina, Cazadores de Sombras) o hasta su crítica a algunos temas (¿hablar sobre seres imperfectos crea un estereotipo de lo imperfecto?) o su ímpetu a la hora de opinar sobre ciertos asuntos (¿pueden dedicarse al arte?). Sus circunstancias pueden ser las que sean (mejores o peores, seguramente complicadas, como la mía), pero ahí están, siguen adelante y eso los convierte en unos héroes para mí.

Es genial saber que aún hay gente que conoce la saga de videojuegos Kingdom Hearts. Fuente.
Me han regalado mucho en lo que pensar y me han hecho darme cuenta que la segunda parte tiene que venir pronto. Agradezco también que muchos quieran leer mi obra, ya que como les conté, a veces, un autor escribe algo y, aunque quiere compartirlo, siempre se pregunta si merece la pena. Me pasé una semana preguntándome si les interesarían temas como el hecho de escribir, por qué una saga y temas similares, pero sí, querían saber más y eso fue toda una sorpresa. Es esa curiosidad la que mueve su mundo y la que hace que no perdamos la fe. Y, al final, si Devon puede echar una mano a alguien, es un logro y es por lo que la creé, así que ¿cómo no sentirme feliz?

Dar las gracias a todos sus alumnos por formar parte del encuentro, por hacer preguntas tan interesantes y por reafirmarme la idea de que pueden ser todo lo que quieran, que tienen un potencial increíble. Vuestras preguntas y respuestas son valiosas, vuestra mirada para el mundo también. No temáis si aún no habéis encontrado el libro acertado, puede que os esté esperando, y, si ya habéis encontrado muchos que os han tocado, no abandonéis jamás el mágico mundo de las letras. Cada vez que hablo con vosotros es como si hablase también con la propia Devon, pero también con el futuro. Pensad que vosotros mismos podéis salvar vuestra realidad, como la propia Devon está en otra dimensión intentando ayudarnos a todos.

Gracias a las docentes del centro, como Conchi y Rosa, y todo el personal, ya que hicieron posible el encuentro y permitieron que Devon cruzase el umbral a la realidad ante unos estudiantes que quisieron entrar en la Tienda Infinita y descubrir esa historia que siento que escribí por la deuda que tenía con ellos, con aquellos profesores que me ayudaron (no es de extrañar que la profesora favorita de Devon sea la profesora de Lengua y Literatura) y con mi yo de aquella época. Es un placer poder visitar vuestro centro y hablar; no dudéis que podéis contar conmigo para lo que necesitéis.

Aprovecho también para dar las gracias a Tatiana por servirme de ayuda en todas estas cruzadas idealistas en las que me sigue (como si yo fuera Obi-Wan) y también a vosotros por seguir leyendo el blog y echando una mano cada vez que lo necesito.

Muchas gracias a todos. No creo que haya "añoranza bajo sospecha", pero sí creo que queda un infinito que guardar en cada palabra que intercambié con vosotros. No será en vano. ¡Gracias!

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