domingo, 24 de junio de 2012

Críticas de cine: En busca del fuego, la llamarada del ser humano

En los albores de los tiempos, el fuego significó la diferencia entre la vida y la muerte…

Críticas de cine:
En busca del fuego
Fuente.

No conocemos el momento exacto en que el ser humano descubrió cómo producir y conservar la llama (que en esta cinta simboliza, más que nunca, la vida), pero En busca del fuego nos permite adentrarnos en una aventura sobre lo que supuso tal acontecimiento para nuestra especie.



Gracias a una estupenda ambientación, la película de Jean Jacques-Annaud se convierte en un relato sobre la barbarie de las tribus primitivas y cómo descubrir el fuego les hizo seguir adelante, adentrarse en un mundo nuevo… Mientras los que no fueron destruidos.

Tres miembros de una tribu que ha perdido el fuego que preservaban, deciden ir en busca de este elemento. Por el camino, se enfrentarán a fieras como dientes de sable o mamuts, además de otras peligrosas tribus. Será conocer a una joven de otro grupo, cautiva, lo que les hará saber más de ellos mismos. Los tres protagonistas descubren en la comunidad de la joven, mucho más evolucionada, que el fuego puede ser creado.

Como en El nombre de la rosa, otra película de Annaud, se defiende el deseo de la risa. En este caso, se la reconoce como símbolo de que el que la realiza es más desarrollado que el que no conoce tal gesto. Junto al fuego, un rasgo de la evolución.

Será, a partir de ella, del nacimiento del amor, cómo los tres buscadores deciden emprender el camino lejos de la fiereza, el egoísmo y la ignorancia en la que estaban sumergidos. Es con el fuego en torno al que se contarán las historias, un origen de la literatura, la Historia y el periodismo en sí mismo (ese acto protagonizado por el personaje de Ron Perlman).

Los tres protagonistas de la cinta y su lucha por recuperar el fuego. Fuente.

Es con estos sucesos con los que comienza la auténtica evolución, alejándose del deseo de saciar sus instintos, ya fueran sexuales, alimenticios o de otra índole. De ahí, su positivo mensaje con la escena final, donde la joven y su amante observan la luna, el futuro, mientras en el vientre de ella está su hijo: es el nacimiento de la humanidad como tal.

Lejos de efectismos, la cinta llena al espectador gracias a la música de Phillipe Sarde y las actuaciones de un reparto encabezado por el “actor fetiche” de Annaud, Ron Perlman (que parece nacido para este papel). Por eso, elabora una creíble trama, que puede incluso resultar educativa.

Pese a que la falta de diálogos (aunque hay pequeños “intentos” de comunicación, concebidos por el escritor de La naranja mecánica, Anthony Burgess) podría hacer que la película fuese difícil de seguir, la habilidad de la dirección y el libreto, además del montaje, hacen que la obra tenga un buen ritmo, haciendo que sea amena.

En resumen, En busca del fuego defiende, como el mito de la caverna de Platón, que huyamos de las tinieblas de la ignorancia y sigamos siempre la luz, no sólo del fuego, sino del conocimiento.

La esperanza de la civilización. Fuente,

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